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Yoga y embarazo: yoga para embarazadas (III)

abril 16, 2011

Y para acabar la trilogía de artículos dedicados a la práctica de yoga para la mujer embarazada, voy a comentar brevemente algunas técnicas de relajación que se consiguen a través de una correcta respiración. A través de ellas también podríamos llegar a una pequeña práctica de meditación.

Al principio se trata de familiarizarnos con nuestra propia respiración. Sí, aunque pueda sonar extraño, a menudo no nos percatamos de “cómo” respiramos; simplemente, damos por hecho que lo hacemos. Pero ¿te has parado a pensar en cómo lo haces? A menudo se trata de una respiración tan débil como la de un pequeño animal que tiembla de frío o de miedo, apenas un hilo, tan fina  como una aguja de coser. Cuando en realidad, la respiración sostiene nuestro cuerpo durante todo el día, en toda actividad que hagamos. Y a menudo, esta actividad suele ser frenética o estresante, sobre todo en lo que respecta a nuestro ambiente laboral. Por eso, nuestra respiración debería ser un punto al cual dar prioridad todos los días. A veces, ante una presión constante (por ejemplo en el trabajo o en otras situaciones) podemos llegar a sentir que todo se acumula y que no alcanzamos a atender toda nuestra responsabilidad En ese momento, nuestra respiración es fina como un hilo, apenas respiras, solo sobrevives. ¿Qué podemos hacer?

Para empezar, párate un momento, rompe la rutina de lo que estés haciendo, busca un lugar tranquilo, si puedes salir a pasear a un parque o por una zona relajada, y si tienes la posibilidad de andar en pleno bosque o montaña, mejor que mejor. Si puedes, cierra los ojos unos segundos y haz tres respiraciones amplias y profundas, siempre por la nariz. Después, continúa respirando con los ojos abiertos y haz un esfuerzo en ser consciente realmente, del proceso del aire que entra y sale de tus fosas nasales. Imagina el recorrido del aire bajando hacia tus pulmones y al mismo tiempo, empieza a colocar tu espalda recta. Visualiza que este aire sube y baja en cada inspiración y espiración por cada una de las vértebras de tu columna vertebral; visualiza un espacio entre ellas; relaja los hombros y los brazos; sigue respirando, dedica tiempo a sentir tu propia respiración y espera para ver el “milagro” que ocurre en tu cuerpo.

El ejercicio de respiración que a mí me ha ayudado muchísimo en mi embarazo es el de Anuloma Viloma que describo un poco más abajo: primero busca un momento en el que puedas estar recogido en soledad, practica la respiración consciente citada arriba en el párrafo anterior durante al menos 5-7 minutos diarios. Después, pasa a Anuloma Viloma: con el dedo pulgar derecho tapas tu fosa nasal derecha (canal “pingala” en sánscrito) mientras colocas los dedos índice y corazón levantados, inspirando por la fosa  nasal izquierda (canal “ida” en sánscrito); cuando acabes este lado, tapas la fosa izquierda con el dedo anular e inspiras por la fosa derecha. Vuelves a empezar tapando el lado derecho e inspirando por el izquierdo y así sigues al menos otros 5-7 minutos. Y luego cambias el sentido de la respiración (inspirar por el derecho y espirar por el izquierdo). Es una rueda de respiración muy sencilla que ayuda a limpiar los senos nasales internos y la siguiente forma en la que puedes practicarla (un poquito más avanzada) es con una retención del aliento y en una proporción 2:8:4 (2 segundos inspirar, 8 segundos retener y 4 segundos espirar). Si te parece complicado no te preocupes, si tan solo has podido ser consciente de tu respiración, visualizarla y recorrerla en tu cerebro , ya has conseguido mucho. En mi caso, notaba que todas las articulaciones de mi cuerpo se relajaban y a continuación podía aflojar distintos músculos del cuerpo, como los de la cara o la espalda, a veces, me estiraba entonces sobre la lona de yoga colocando un cojín bajo mis rodillas y una almohada bajo mi cabeza y simplemente descansaba. Un descanso profundo de varios minutos, ¡qué placer!.

En otras ocasiones, si mi estado era lo suficientemente despierto, buscaba entonces la posición de meditación, sentada con las piernas cruzadas y la espalda bien recta, la cabeza estable, alineadas la nariz y el mentón, ligeramente recogida la barbilla hacia el pecho y alzando la parte alta de la cabeza, la coronilla. Entonces, me dejaba sumergir a través de la respiración consciente en la profundidad de la meditacion y me acercaba a mi bebé mentalmente. Imaginaba a mi niña completamente relajada flotando en mi vientre, le hacía espacio en mi cuerpo y en mi vida y yo aprovechaba para sentir una profunda gratitud a todo el Universo por semejante privilegio.

Auténtica Paz, una preciosa palabra.

Como preciosa fue ver a mi hija nacer una fría y soleada tarde de Enero de este año. Bienvenida a la vida, niña, bienvenida al Amor.

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