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TU MÉDULA ESPINAL (III).

julio 2, 2010

Siguiendo con los dos post anteriores sobre la médula espinal (“Tu médula espinal y cómo darle las gracias”; “Tu médula espinal (II). Lordosis”), me gustaría continuar un poco con este interesante tema. Modestamente, esto es una muy pequeña explicación de todo lo que este tema da de sí; creo que es necesario ser consecuente con las breves exposiciones de este blog y la persona que disfrute con este tema (como yo, que me apasiona), siga buscando e indagando, ya que realmente vale la pena.

Como vimos, la médula espinal está protegida en el interior de la columna vertebral, tiene una forma redondeada y un grosor aproximado de tu dedo meñique. Es parte integrante del Sistema Nervioso Central (junto al encéfalo) pero también está en constante interacción con el Sistema Nervioso Periférico, además de tener una gran importancia en dos funciones básicas: las sensoriales y las motoras:

· Por ejemplo, la médula recibe información sensorial que el SNP le envía desde el tronco y las extremidades. Imagina que te pica la pierna, porque se ha posado en ella un mosquito y sientes un ligero escozor… Eso es información que detecta el Sist. Nervioso Periférico desde el exterior y la envía al Sist. Nervioso Central y a la médula para que los nervios procesen esa sensación de picor o escozor.

· También, a un nivel mucho más local, la médula es capaz de ejecutar respuestas motoras tipo “reflejos” sin que hagan toda la ruta establecida normalmente (como en el punto anterior, detectar algo externo y enviar esta sensación hacia lo interno “SNC” para su proceso). Por ejemplo, sería el caso cuando notamos que nos quemamos o nos pinchamos, donde automáticamente nuestro cuerpo y Sistema Nervioso reacciona de inmediato para resolver esta situación “de emergencia” retirando la mano o la parte del cuerpo afectada. Digamos que tenemos un “Servicio de Emergencia” para las ocasiones en las que no podemos perder tiempo en procesos, sino, ¡en reacciones!.

· Finalmente, podemos decir que la médula también ejecuta  las órdenes que le envía el encéfalo (como vimos, cuando decimos encéfalo estamos abarcando hemisferios cerebrales, tálamo, hipotálamo, puente, bulbo raquídeo, etc.) para controlar nuestros músculos, nuestro esqueleto y nuestros órganos internos. Por ejemplo, cualquier señal “interna” de nuestro cuerpo detectada por el encéfalo (siento hambre, siento sed, siento ganas de hacer el amor, siento cansancio, siento tristeza, siento ganas de andar,etc. etc.) es recibida por este canal, enviada a la médula, registrada y a partir de aquí, se genera un impulso de reacción para solucionar estos aspectos: voy a comer, voy a beber, voy a andar o a hacer ejercicio, etc.

Todo esto ocurre en décimas de segundo, mientras ni siquiera somos conscientes la mayoría de las veces, de que hemos sentido aquello y que por ese motivo, hemos decidido hacer algo al respecto. Hasta cierto punto, esto es normal que ocurra. Sin embargo, como practicantes de yoga y meditación, no queremos olvidarnos de este maravilloso templo que es nuestro cuerpo ni dar por sentado lo que éste realiza. No queremos caer en la trampa de olvidarnos del presente que tenemos, que es lo que realmente tenemos pues ¿dónde está el pasado? ¿y dónde está el futuro? Vive el presente y sé consciente de la maravilla del funcionamiento de tu cuerpo mientras sea así. Mira este bebé y observa su mirada y su postura, seguro que tenemos mucho que aprender de él.